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El meteorito con ¿vida marciana?
Actualizado el 15 de diciembre de 1999
El 8 de agosto de 1996 el presidente de los Estados Unidos de América, Bill Clinton, anunciaba que un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford y de la NASA había descubierto restos fósiles de vida en un meteorito procedente de Marte. La noticia corrió por los teletipos de todo el mundo como un reguero de pólvora y se convirtió en uno de los temas del verano. ¿Qué ha quedado de aquel anuncio a bombo y platillo?
ALH84001 es el nombre de un fragmento de meteorito de
1.9 kg de peso encontrado en la Antártida en 1984. El estudio de sus
componentes, en especial de los gases atrapados dentro de su estructura,
demostró que pertenecía al grupo de los meteoritos SNC: cuando un cuerpo
de gran tamaño impacta contra la superficie marciana, arroja fragmentos de dicha
superficie a gran velocidad; estos fragmentos pueden llegar a abandonar la
gravedad marciana y vagar por el espacio hasta que son atrapados por la gravedad
terrestre y caen sobre nuestro planeta. En el caso de ALH84001 se estima, por
dataciones radiométricas, que se trata de un fragmento de 4.500 millones de años
arrojado al espacio hace 16 m.a. y que cayó en la Tierra hace unos 13.000 años.
El meteorito se puede clasificar dentro del grupo de los litometeoritos, ya que se compone en un 98% de ortopiroxeno, con presencia de, entre otros, olivino, cromita, pirita y carbonatos. Y son los carbonatos, como veremos, una de las principales pistas que se esgrimieron para probar la existencia de fósiles.
Como los propios investigadores reconocieron, no se puede
hablar de una única prueba de la existencia de vida fósil en ALH84001, sino de
una combinación de ellas:
organismos que sobrevivan a temperaturas superiores a 115º C. El
equipo encargado estimó que la formación de los glóbulos carbonatados se había
producido a una temperatura no superior a 100º C. Por lo tanto, los científicos que estudiaron ALH84001
estiman que los carbonatos se originaron por precipitación a partir de un
fluido a temperaturas inferiores de 100º C rico en dióxido de carbono.
Una vez establecido un origen para el carbonato que fuese
compatible con condiciones ambientales para la existencia de vida (baja
temperatura, existencia de un fluido), analizaron una serie de elementos que se
presentaban dentro de los carbonatos y que podían indicar la existencia de vida:
Las pruebas presentadas por la NASA y Stanford no convencieron a muchos científicos desde el mismo día en que fueron expuestas. Para parte de la opinión pública la NASA había presentado una teoría muy arriesgada basada en pruebas circunstanciales con el objetivo de atraer de nuevo la atención de la sociedad y salir del declive en que se encontraba; hay que recordar que en la misma rueda de prensa Clinton anunció la posteriormente exitosa misión Mars Global Surveyor. El propio Daniel Goldin, director de la NASA, anunció que "las pruebas no son concluyentes", algo que parece haberse confirmado en los últimos meses.
Ya durante la primera investigación un equipo de la Case Western Reserve University, utilizando una microsonda de electrones, anunció que los carbonatos se habían formado a 700º C, aunque este dato no fue tomado en cuenta por el equipo NASA-Stanford. El problema real con la medición de la temperatura de los carbonatos es que, para realizar una medida precisa, éstos deben hallarse en equilibrio químico, lo que no ocurre en este caso, por lo que las temperaturas reportadas varían en función de si el equipo que lo ha hecho cree o no que hay fósiles en Allan Hills 84001.
Pero en la primera semana de junio de 1998, un equipo de investigadores de la Universidad de San Diego, en un artículo publicado en Science, sugirió, basándose en un nuevo análisis isotópico del oxígeno, que los carbonatos se habían formado a partir de dióxido de carbono atmosférico, en lugar de disuelto en un fluido. Los isótopos de oxígeno mostraban que los carbonatos estaban en equilibrio con la atmósfera marciana, lo que suponía que no había existido en ningún momento de la formación de los carbonatos un fluido acuoso, condición necesaria para la existencia de vida.
Otro golpe a la posible existencia de fósiles en ALH84001 fue un artículo publicado en Meteoritics and Planetary Science en julio de 1998 en el que un grupo de investigación mostraba que los cristales de magnetita habían intercrecido con los carbonatos en un proceso de epitaxia, es decir, que los carbonatos y la magnetita se había formado al mismo tiempo y se habían influido mutuamente en sus direcciones de crecimiento. Esto descarta totalmente la posibilidad de que la magnetita fuese sintetizada por bacterias; por añadidura, el crecimiento epitaxial suele ser indicativo de altas temperaturas (hasta 600º C) lo que deja fuera de toda posibilidad la existencia de vida; además, los cristales de magnetita presentes en las formas tubulares no adoptaban una forma llamada "en margarita", propia de magnetitas de origen biológico, sino que adoptaban unas formas llamadas "en patillas".
En cuanto a dichas estructuras tubulares, en un artículo anterior el mismo equipo postuló, utilizando un microscopio electrónico, que dichas formas contenían en su interior dislocaciones cristalográficas, típicas de altas temperaturas. De hecho, el grupo de McKay admite actualmente que muchas de las formas tubulares son en realidad debidas a meteorización, derivados de la preparación de muestras y otros orígenes no biológicos, aunque mantienen que algunas formas ovoides aisladas sí podrían ser fósiles. Posteriormente este equipo sugirió que las formas tubulares eran en realidad lamelas generadas por procesos inorgánicos
A pesar de ello el equipo NASA-Stanford ha rebatido
algunas de estas pruebas argumentando que las diferentes técnicas de microscopía
puede dar lugar a resultados diferentes, pero lo cierto es que otras pruebas,
como la de la epitaxia, parecen definitivas.
Respecto a la
existencia de materia orgánica, puede que a muchos les parezca una prueba
irrefutable de vida, pero hay que recordar que "materia orgánica" no significa
"materia biológica". En 1998 un equipo de investigación publicó un artículo en
Science proponiendo que el 80% de la materia orgánica encontrada en el
meteorito procedía de contaminación terrestre, y en 1999 otro artículo publicado
en Earth and Planetray Science Letters mostró que la materia orgánica
de origen marciano tenía las mismas características que la de meteoritos no
marcianos en los que se ha descartado la presencia de fósiles, lo que, en
opinión de los autores, lleva a la conclusión de que no ha sido generada en
Marte, sino llevada por los meteoritos que han ido cayendo en el Planeta Rojo,
algo que ya había sido propuesto con anterioridad.
Encontrar vida fósil de hace 3.600 m.a. en la Tierra es
extremadamente raro, debido a la dificultad que existe para que una bacteria
fosilice y sobreviva a todos los procesos que pueden destruirla: metamorfismo,
erosión,... Por ello, encontrar fósiles de organismos unicelulares
extraterrestres en uno de los pocos meteoritos procedentes de Marte que se
conocen supone una sucesión de improbabilidades tal que su descubrimiento habría
supuesto, además de la implicaciones por todos imaginadas, el mayor golpe de
suerte que hubiese tenido la comunidad científica en toda su historia, a no ser
que la vida hubiese estado tan extendida en Marte como para cubrir cada
centímetro de su superficie. Es por ello que los científicos se han apresurado a
analizar en toda su totalidad este pequeño fragmento del Planeta Rojo. Las
pruebas sobre la ausencia de vida en ALH84001 parecen concluyentes pero, como
dijo John Bradley, uno de los miembros del equipo de investigación que descubrió
los crecimientos epitaxiales, "En realidad ahora hay dos debates: si existió
vida en Marte y si existió vida en ALH84001".